Manuel Aguirre1; Martina Samuelle2; Francisco López1; Matías Oxley3; Braulio Cantera4; Álvaro Roel3
1.Consultor del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura, IICA.
2Estudiante Periodismo, Facultad de Información y Comunicación, UDELAR.
3Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria, INIA.
4Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura, IICA.
Durante décadas, la principal preocupación de un productor arrocero al manejar el agua fue asegurar el rendimiento. El agua es sinónimo de estabilidad, de control y, en cierta medida, de tranquilidad. Por eso, proponer retirar el agua de una chacra en pleno ciclo del cultivo podía sonar, hasta hace poco, como una idea difícil de aceptar.
Sin embargo, los desafíos que enfrenta hoy la producción arrocera son distintos a los de hace treinta años. A la necesidad de mantener altos niveles de productividad con calidad reconocida se suman nuevas exigencias vinculadas a la sustentabilidad, la huella ambiental y la diferenciación de los productos en mercados cada vez más exigentes.
Con esa mirada comenzó, hace algunos años, una línea de trabajo a través de la articulación de una serie de proyectos con instituciones internacionales como el IICA, Fontagro y Global Methane Hub con instituciones nacionales, como el INIA, la Asociación de Cultivadores de Arroz y la Gremial de Molinos Asociados. Esto permitió adquirir equipamientos, conectarnos con experiencias similares y financiar líneas de investigación.
El objetivo fue claro desde el inicio: evaluar manejos alternativos del riego capaces de reducir las emisiones de metano sin afectar el rendimiento y, al mismo tiempo, generar información local que permita posicionar al arroz uruguayo frente a nuevas oportunidades de valorización, como los mercados de carbono.
Los primeros resultados obtenidos en ensayos experimentales-parcelarios fueron muy promisorios. Se comprobó que los drenajes estratégicos durante el ciclo del cultivo reducían las emisiones de metano —un gas que se genera en condiciones de inundación por la ausencia de oxígeno en el suelo—. Pero la gran interrogante seguía siendo si esos resultados podían repetirse en condiciones comerciales, donde las decisiones de manejo están condicionadas por la realidad productiva de cada establecimiento.
En ese contexto, durante la última zafra (2025-2026) se desarrolló una experiencia para evaluar el efecto de secados temporales sobre las emisiones de metano en arroz en condiciones comerciales. En chacras de los productores Hernán Zorrilla y Hugo Favero se comparó el manejo tradicional de inundación continua con una estrategia que incluyó retiros temporales de agua en momentos específicos del ciclo del cultivo.
Los resultados preliminares mostraron una reducción significativa de las emisiones de metano, sin registrar pérdidas de rendimiento. Pero detrás de esos números hay una historia mucho más interesante: la de dos productores que decidieron probar algo que, hasta hace poco, parecía ir contra todo lo aprendido.
Una idea que venía dando vueltas desde hace años
Para Hernán Zorrilla, la propuesta no era completamente nueva. "La curiosidad la tengo desde hace más de 20 años", recuerda. Y enseguida trae a la memoria las conversaciones con Nicolás Chebataroff, cuando los problemas de Straighthead obligaban a pensar en secados temporales durante el período de primordio. En aquel entonces nadie hablaba de metano ni de mercados de carbono, pero ya existía la intuición de que esos manejos podían generar efectos positivos dentro del sistema; sin embargo, nunca fueron implementados. Por eso, cuando apareció la posibilidad de participar en esta experiencia, la respuesta fue inmediata. "Lo primero que pensé fue que estaba a la orden", señala.
En el caso de Hugo Favero, la motivación fue diferente. Lo que predominó fue la incertidumbre. "La verdad que si hay algo que hasta este año no se nos ocurría era sacarle el agua a la chacra, y menos en floración", reconoce. Y justamente por eso surgió el interés: entender qué ocurría cuando se modificaba uno de los pilares históricos del manejo del cultivo. "La incertidumbre de ver qué pasaba fue lo que más curiosidad me generó", resume.
Cuando los números empiezan a desafiar las ideas
La experiencia realizada en la chacra de Hernán Zorrilla evaluó un retiro de agua de diez días previo al inicio de primordio (S10IP). Los resultados fueron contundentes. El tratamiento con secado emitió aproximadamente un 64% del metano registrado en la condición de inundación continua (IC), lo que equivale a una reducción del 36% de las emisiones. Pero lo que realmente llamó la atención fue que el rendimiento no solamente se mantuvo, sino que mostró una leve ventaja numérica. Mientras el tratamiento tradicional de inundación continua alcanzó 12.124 kg/ha, el tratamiento con retiro de agua obtuvo 12.266 kg/ha.
Zorrilla reconoce que fue uno de los aspectos que más lo impactó. "Ya el hecho de hacer un manejo en contra de lo que uno piensa que tiene que hacer para que el cultivo funcione, y que además termine aportando algunos kilos más, impresiona", afirma.
Más allá de las consideraciones estadísticas, destaca la confianza que le generan los datos obtenidos, producto de una medición realizada en parcelas grandes y con un sistema de pesaje diseñado específicamente para obtener información precisa.
Productor Tratamiento Emisiones totales Rendimiento
kg CH4 ha-1 Kg/ha
Hernán Zorrilla IC 449 12.124
S10IP 285 12.266
Diferencia -36% +1%
IC: inundación continua; S10IP: retiro de agua 10 días previo a inicio de primordio
Una segunda chacra, una misma señal
En la chacra de Hugo Favero, el retiro de agua se realizó diez días antes del inicio de floración (S10IF). Al igual que en el caso anterior, los resultados mostraron una disminución importante de las emisiones de metano respecto al manejo tradicional de inundación continua (IC). La reducción alcanzó aproximadamente el 34%. Y nuevamente apareció un resultado que rompe con uno de los principales temores de cualquier productor: el rendimiento no cayó. Por el contrario, el tratamiento con retiro de agua alcanzó 11.050 kg/ha frente a los 10.650 kg/ha obtenidos en la condición tradicional de inundación continua.
"Lo que salva al productor son los kilos", dice Favero con total sinceridad. Y quizás esa frase resuma mejor que cualquier gráfico por qué estos resultados son relevantes. Porque una tecnología puede ser ambientalmente muy atractiva, pero su adopción dependerá siempre de que mantenga la viabilidad económica del sistema.
Productor Tratamiento Emisiones totales Rendimiento
kg CH4 ha-1 Kg/ha
Hugo Favero/1 IC 564 10.650
S10IF 374 11.050
Diferencia -34% +4%
IC: inundación continua; S10IF: retiro de agua 10 días previo a inicio de floración
El verdadero desafío: la gestión del agua
Si los resultados productivos fueron la primera gran sorpresa de esta experiencia, la segunda apareció durante las recorridas de campo y las conversaciones con los productores: “el agua como una oportunidad”.
Tanto Hernán Zorrilla como Hugo Favero coinciden en que este tipo de manejo exige planificar cuidadosamente el sistema de riego y drenaje. La ubicación de las chacras pasa a ser determinante. Favero lo resume en una frase tan simple como contundente: "Hay que estar al lado de la fuente de agua". La razón es clara: cuando llega el momento de volver a inundar la chacra, hay que tener la certeza de que el agua estará disponible y podrá ingresar rápidamente.
En la misma línea, Zorrilla sostiene que el éxito de este tipo de manejo empieza mucho antes de retirar el agua. "Hay que tener claro cómo drenas y cómo ingresas con el agua", resume. De hecho, asegura que la implementación no le resultó difícil. A su entender, la clave no está en el secado en sí, sino en seleccionar las parcelas adecuadas. No se trata de elegir cualquier lugar: deben ser áreas con ingreso directo desde un canal y con la posibilidad de drenar y volver a inundar rápidamente. Por eso entiende que, al menos en una primera etapa, este tipo de prácticas debería concentrarse en aquellas áreas donde el manejo del agua sea más sencillo, seguro, y con una infraestructura que permita actuar con rapidez, antes que pensar en toda la superficie del establecimiento.
En ese sentido, Favero plantea la misma reflexión: más que preguntarse si se puede implementar esta práctica, la pregunta debería ser cuánta superficie del establecimiento puede manejarse de esta manera. La respuesta dependerá de la infraestructura disponible, de la distancia a la fuente de agua y, en muchos casos, de un aspecto tan práctico como determinante: tener al dueño o al administrador del agua "del mismo lado", afirma.
Pero quizás el concepto más innovador que surge de ambas entrevistas es que el agua que se retira de una parcela no necesariamente debe considerarse un agua "perdida". Por el contrario, puede aprovecharse inmediatamente para regar otras áreas de arroz que estén demandando riego e, incluso, otros cultivos del establecimiento, como soja o maíz. Esta idea de “reciclar el agua” dentro del propio establecimiento representa, más que un cambio en el manejo del cultivo, un cambio en la forma de pensar el agua. En lugar de considerarla un recurso que se pierde al drenar una parcela, proponen verla como un insumo que puede seguir generando valor dentro del propio sistema productivo.
Este enfoque cobra aún más relevancia si se considera que para volver a inundar una chacra se requieren potencialmente dependiendo del año hasta 1.800 m3 de agua por hectárea. Pensar en reutilizar ese volumen, en lugar de descartarlo, abre una perspectiva diferente sobre el manejo del riego, integrando productividad, eficiencia y sustentabilidad.
Más que una práctica, una posible diferenciación
Si hay un punto donde ambos productores vuelven a encontrarse es en la mirada hacia el futuro.
"Si podés generar un nicho nuevo, es muy alentador." Con esa frase, Hugo Favero resume una de las principales expectativas que le deja esta experiencia. Más allá de los resultados, entiende que este tipo de prácticas pueden transformarse en una oportunidad para acceder a mercados que comiencen a valorar una producción con menor impacto ambiental.
Zorrilla comparte esa visión. Considera que el arroz uruguayo deberá seguir buscando formas de diferenciarse frente a sus competidores internacionales y entiende que herramientas como esta pueden convertirse en parte de esa estrategia.
Sin embargo, ambos son cautos.
La adopción masiva de estas prácticas dependerá de que existan señales claras desde los mercados.
La pregunta ya no parece ser únicamente si es posible reducir emisiones sin perder rendimiento. Los resultados preliminares muestran que sí. La discusión que empieza a abrirse es otra: cómo transformar ese esfuerzo en valor para el productor, generando un producto claramente diferenciado.
Una puerta que empieza a abrirse
Las dos chacras evaluadas mostraron una tendencia consistente. Los secados temporales permitieron reducir las emisiones de metano entre un 34% y un 36%, sin evidenciar impactos negativos sobre el rendimiento.
Por supuesto, todavía queda trabajo por delante. Será necesario ampliar el número de experiencias, repetir las evaluaciones en nuevas zafras y profundizar el análisis de los resultados. En este proceso, ambos productores destacaron que la experiencia resultó especialmente enriquecedora.
De esta manera, se cierra el círculo virtuoso de co-creación del conocimiento entre productores y científicos: líneas de investigación, validación, nuevas preguntas y nuevas soluciones.
En una actividad donde históricamente el agua fue sinónimo de seguridad productiva, dos productores decidieron probar algo distinto. Y los resultados obtenidos sugieren la importancia de tener flexibilidad en la manera de producir arroz de manera de poder capitalizar todos los beneficios posibles que varían según los mercados y los contextos históricos.
Pero las primeras señales son claras…
1/ Un especial agradecimiento al Ing Agr Sebastián Lemos, técnico de SAMAN, sin su apoyo y la de su empresa no hubiera sido posible la realización de esta experiencia.











