Entre 1960 y 2015, la superficie regable de América Latina y el Caribe casi se triplicó, de 12 a 31 millones de hectáreas. Junto con África subsahariana, es una de las dos regiones del mundo que pueden seguir ampliando su riego de manera sostenible. Hoy la eficiencia global del riego en la región ronda el 25 %, lo que deja un amplio margen de mejora: cada avance en eficiencia puede significar más alimentos con el mismo volumen de agua.
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