
En marzo de 2019, investigadores en riego de Chile, Argentina, Uruguay y España se reunieron en Santiago con empresas de tecnología para definir qué necesita la agricultura de la región y cómo llevarlo al usuario final.
La agricultura fue responsable del 70 % de las extracciones mundiales de agua y del 93 % de su consumo en el año 2000, y se proyecta que hacia 2050 la demanda total de agua aumente un 55 % y la producción de alimentos un 60 %. América Latina y el Caribe llega a ese escenario con una posición singular: junto con África subsahariana es una de las dos únicas regiones que pueden ampliar su área regada de manera sostenible, y su superficie regable casi se triplicó entre 1960 y 2015, de 12 a 31 millones de hectáreas. El problema es la eficiencia. El riego de la región opera en torno al 25 % de eficiencia global, de modo que mejoras pequeñas se traducen en ganancias considerables.
La oferta tecnológica existe; la brecha está en llegar al productor
La iniciativa nació en el XVI encuentro de los INIA de Iberoamérica, celebrado en La Serena en octubre de 2017, donde las instituciones acordaron crear un grupo de trabajo específico sobre agua para la agricultura. El fondo semilla materializó ese mandato en un taller técnico realizado en INIA La Platina, Santiago de Chile, del 20 al 22 de marzo de 2019. Once exposiciones presentaron experiencias concretas en el uso de nuevas tecnologías para el manejo del riego, tanto de institutos de investigación y universidades como de empresas proveedoras de tecnología, detallando fortalezas y debilidades de cada herramienta. Con ese material se construyó una matriz de brechas y soluciones tecnológicas.
La plataforma acordó siete categorías de herramientas tecnológicas: definición de las necesidades de riego de los cultivos; monitoreo del nivel de desarrollo del cultivo; monitoreo de su estado hídrico interno; monitoreo de la disponibilidad hídrica en el suelo; modelamiento del balance hídrico del suelo; modelamiento de la oferta y la demanda de recursos hídricos a escala regional; y registro y control del agua a escala regional y predial. Lo distintivo es que abarcan escalas encadenadas, desde el potencial hídrico medido en una planta con cámara de presión o dendrómetro hasta el control telemétrico de compuertas en una cuenca completa. El taller mostró ambos extremos en operación: la Plataforma Agrícola Satelital de Chile, que entrega la evolución del desarrollo de los cultivos por índice NDVI, y la telemetría de compuertas de la Junta de Vigilancia del Río Elqui.
El fondo semilla cerró con la Plataforma de Gestión del Agua en la Agricultura 2030-2050 conformada y con un proyecto consensuado definido para presentar a FONTAGRO. Quedaron acordadas las siete familias de tecnologías, las dos escalas de trabajo, cuenca y riego intrapredial, y los criterios de selección: necesidades hídricas reales de los cultivos, oferta hídrica, productividad agronómica del agua, calidad y distribución del agua, y estrategias de decisión basadas en la información generada. El proyecto contempla pilotos tecnológicos en siete regiones agrícolas de cinco países: Coquimbo y Ñuble en Chile, Mendoza y Córdoba en Argentina, el valle del Cauca en Colombia, Salto en Uruguay y la cuenca del Ebro en España.