La propuesta parte de Colombia y Ecuador y busca sumar a más países de la región. Plantea cuatro líneas de trabajo:
estandarizar el diagnóstico molecular entre laboratorios;
validar protocolos de bioseguridad y el uso de microorganismos benéficos para suelos más sanos;
evaluar variedades de banano y plátanos tradicionales;
capacitar a técnicos y productores con talleres y cursos virtuales.
Es un paso concreto hacia una región que trabaja unida para proteger la producción y el empleo que generan las musáceas.
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