1) Coeficiente de impacto ambiental: De acuerdo con el modelo desarrollado por el programa de manejo integrado de plagas de la Universidad de Cornell, basado en tres componentes principales del sistema productivo (el trabajador agropecuario, el consumidor y el ecosistema).
2) El índice de calidad del suelo: A partir de la caracterización física, química y biológica de las parcelas experimentales. Para el primer caso se evaluarán el pH, la conductividad eléctrica, los cationes de intercambio, el contenido de carbono orgánico, CICA, fósforo, azufre disponible y contenido de micronutrientes. Para determinar las actividades enzimáticas microbianas, se determinarán la β-glucosidasa y la arilsulfatasa.
3) Estudio del microbioma: A partir de la extracción del ADN de las muestras, se analizará el gen 16S rRNA para identificar qué microorganismos están presentes. Con estos datos se calculará la diversidad de las muestras, cuántas especies diferentes hay en cada zona y qué tan parecidas o diferentes son las comunidades bacterianas entre un lugar y otro. Finalmente, mediante herramientas bioinformáticas se predecirán las funciones de los microorganismos en el suelo.
4) Huella de carbono del producto: Siguiendo una metodología de análisis de ciclo de vida, centrada en la cuantificación de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) a lo largo de todas las etapas, desde la producción hasta la aplicación en campo.
5) Producción y costos: En cada ciclo de cultivo y con cada tratamiento se determinarán el rendimiento en Kg/ha y el costo de los tratamientos.








