Como parte de las actividades del proyecto FONTAGRO “Aprovechamiento de bioproductos para fortalecer la resiliencia climática”, durante mayo de 2025 se realizaron tres talleres regionales en Colombia: el 9 de mayo en el Centro de Investigación Turipaná (Cereté, Córdoba), el 16 de mayo en el Centro de Investigación La Libertad (Villavicencio, Meta) y el 23 de mayo en el Centro de Investigación Nataima (El Espinal, Tolima).
Los encuentros reunieron a 72 participantes, entre productores, asistentes técnicos, extensionistas, investigadores, docentes y estudiantes, quienes compartieron experiencias y analizaron los principales retos que enfrenta actualmente el cultivo de maíz en diferentes regiones del país.
A través de metodologías participativas y espacios de diálogo de saberes, los asistentes identificaron problemáticas relacionadas con la incidencia de plagas y enfermedades, la degradación y pérdida de fertilidad de los suelos, las deficiencias nutricionales y los efectos cada vez más evidentes de la variabilidad climática sobre la producción agrícola. Entre los desafíos más relevantes se destacó la incidencia de insectos plaga que afectan diferentes etapas del cultivo, incluyendo el gusano cogollero (Spodoptera frugiperda), el gusano elotero (Helicoverpa zea), los barrenadores del tallo (Diatraea spp.) y la chicharrita del maíz (Dalbulus maidis), esta última reconocida por su papel en la transmisión de enfermedades que pueden ocasionar importantes pérdidas de rendimiento. Los participantes también señalaron problemas asociados a enfermedades causadas por hongos fitopatógenos, la disminución de la fertilidad de los suelos y los efectos de fenómenos climáticos como las sequías prolongadas y las altas temperaturas.
Los resultados de estos encuentros evidencian la importancia de construir soluciones de manera participativa, integrando el conocimiento de productores, técnicos e investigadores. El proyecto FONTAGRO reafirma así su compromiso con el desarrollo y la transferencia de tecnologías basadas en microorganismos benéficos que permitan reducir la dependencia de insumos químicos, mejorar la salud de los agroecosistemas y fortalecer la resiliencia climática del cultivo de maíz. De esta manera, se avanza hacia una agricultura más sostenible, productiva y preparada para enfrentar los desafíos del futuro.








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