En el Corredor Seco de Nicaragua y Honduras, las familias campesinas están recuperando y mejorando sus propias semillas. A través del fitomejoramiento participativo, el proyecto «Innovaciones tecnológicas para construir medios de vida resilientes en familias campesinas del Corredor Seco», apoyado por FONTAGRO, identificó y validó variedades criollas y acriolladas en escuelas de campo y parcelas demostrativas. Según el póster de avance de 2018, 21 variedades de maíz alcanzaron rendimientos de 3.000 kg por hectárea, muy por encima del promedio de 1.667 kg, y 1.176 familias ya usan variedades más productivas que las tradicionales.
Las semillas se resguardan en bancos comunitarios de semillas criollas, que abastecen a sus socios y a las comunidades vecinas y comercializan los excedentes. El proyecto también promovió una nueva distancia de siembra entre plantas y surcos de maíz y frijol: con ella, lo que antes se cosechaba en una hectárea puede obtenerse en media, con menos semilla e insumos, lo que libera tierra para diversificar cultivos. Al cierre del proyecto, el 80 % de los productores había adoptado esta práctica.










