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El proyecto propone el escalamiento industrial y regional de una tecnología patentada para producir harina de soja de alta calidad nutricional, apta para consumo humano, mediante un proceso de extrusado y prensado libre de solventes orgánicos, para mejorar la sostenibilidad productiva y la calidad nutricional de alimentos de consumo masivo en Argentina y Uruguay. Parte de desarrollos validados a escala piloto en el marco de un programa nacional contra el hambre, que permitieron formular alimentos para poblaciones vulnerables. Promueve una bioeconomía territorial basada en el agregado de valor en origen: transformar la soja cerca de sus zonas de producción evita los residuos y riesgos del uso de solventes y reduce costos logísticos y emisiones de transporte.
La planta piloto se convertirá en una unidad productiva de escala industrial, con el aporte de predio, infraestructura y personal del gobierno local y la participación de organizaciones del abastecimiento de materias primas. La validación en un segundo contexto productivo fortalecerá su potencial de replicación regional. La harina se combinará con quinoa para desarrollar panificados y otros alimentos de consumo masivo con mejoras nutricionales verificables, compatibles con los hábitos alimentarios locales e incorporables a programas públicos de alimentación y mercados comerciales.
La soja ingresa entera y sale convertida en harina: una extrusión térmica desactiva sus factores antinutricionales, un prensado mecánico le retira el aceite y el enfriado y la molienda entregan un polvo de entre 40% y 48% de proteína, apto para consumo humano. El procedimiento está patentado y, a diferencia de la extracción industrial convencional, que emplea hexano, prescinde por completo de solventes orgánicos, con lo que evita los residuos peligrosos y los riesgos laborales asociados y admite una escala modular instalable cerca de las zonas de cultivo. Esa harina se combina después con harina de quinoa en formulaciones de panificados y otros alimentos de consumo masivo. La llegada al mercado se organiza mediante un modelo de Empresa de Base Tecnológica (EBT) que opera bajo licencia de una tecnología de titularidad pública, con anclaje territorial y abastecimiento local de materia prima.
El proyecto debería cerrar la brecha entre una tecnología validada a escala piloto y una operación industrial en régimen. Se espera contar con una planta instalada, operativa y validada técnicamente, capaz de producir hasta 30 toneladas semanales de harina de soja sin solventes, del orden de 1.500 toneladas anuales frente a las cinco de la línea de base, con procedimientos operativos estandarizados, control de la variabilidad entre lotes y un Análisis de Ciclo de Vida (ACV) preliminar que fije la huella de carbono por tonelada, hoy sin valor de referencia. Sobre esa harina se prevé desarrollar cuatro formulaciones con quinoa sobre pan francés como matriz modelo, caracterizarlas en laboratorio y validarlas a escala semi-industrial en corridas independientes, con la meta de superar en al menos un 30% el contenido proteico del panificado tradicional y sostener una aceptabilidad igual o superior al 85%. El tercer resultado es el modelo de transferencia: un nivel de madurez tecnológica (TRL) elevado desde el rango 5-6 hacia el de escalamiento y adopción operativa, entre 40 y 60 profesionales, técnicos y operarios capacitados en ambos países, un modelo de negocio con proyección de equilibrio financiero en menos de dos años y una hoja de ruta para replicar la tecnología en otros territorios.
Más de 170.000 niños y niñas alcanzados por el sistema público de alimentación escolar de Tucumán son los destinatarios de los alimentos de mayor valor nutricional que se desarrollarán y constituyen el grupo más numeroso de beneficiarios directos. A ellos se suman alrededor de 30 técnicos y operarios vinculados a la puesta en funcionamiento de la planta industrial, y entre 40 y 60 profesionales, técnicos y operarios de Argentina y Uruguay que se capacitarán en procesamiento, inocuidad, control de calidad y transferencia tecnológica, junto con investigadores y estudiantes de grado y posgrado incorporados a las tareas de análisis, formulación y evaluación nutricional. Fuera de la planta y del comedor escolar, el alcance se extiende a productores y cooperativas vinculados al abastecimiento de soja y quinoa, a elaboradores de alimentos, instituciones educativas y sanitarias, organizaciones sociales y organismos públicos responsables de programas alimentarios: los beneficiarios potenciales superarían las 500.000 personas.
Este proyecto contribuye activamente al cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, promoviendo un desarrollo regional más equitativo, resiliente y sostenible.









Esteban Mariano Pardo
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