Conoce más de esta historia
Webstory del proyecto
Ir a webstory
Los sistemas ganaderos de pastizal y pastura de América Latina y el Caribe deben producir más para una demanda creciente y, a la vez, reducir sus emisiones por unidad de producto. Los tres territorios de intervención ilustran esa tensión. En la Orinoquía colombiana, la frontera ganadera avanza sobre coberturas naturales, con suelos de limitaciones intrínsecas y restricciones de crédito e infraestructura. En la Pampa Deprimida argentina, que concentra buena parte del stock bovino, el drenaje deficiente, la salinidad y la baja fertilidad, junto con sistemas de campo natural poco intensificados, sostienen baja productividad y emisiones altas por kilogramo. En el Chaco seco, la ganadería creció asociada a la deforestación y necesita alternativas compatibles con la conservación del suelo y la biodiversidad.
En respuesta, el proyecto valida en cada ambiente un paquete tecnológico de intensificación sostenible y lo escala a fincas comerciales, midiendo la intensidad de emisiones (gases de efecto invernadero por kilogramo de producto) y el balance neto de gases de efecto invernadero (metano, óxido nitroso y dióxido de carbono, descontado el carbono capturado en suelo y biomasa), junto con la productividad y el resultado económico, y deja instalados capacidad técnica local y un protocolo común de medición.
En un campo en producción, el paquete se traduce en decisiones concretas de pastoreo, fertilización, elección de la especie forrajera, suplementación y manejo sanitario y reproductivo, ajustadas al potencial y a las limitantes de cada sector de suelo. En la Pampa Deprimida eso significa manejar el campo por ambientes, fertilizar y elegir la forrajera en consecuencia, decidir el pastoreo con un monitoreo del stock de forraje en tiempo real, sostener una carga de 2,0 equivalentes vaca por hectárea, inseminar a tiempo fijo y adelantar el primer servicio a los 15 a 18 meses. En el Chaco seco descansa en pasturas megatérmicas de Chloris gayana, con y sin fertilización nitrogenada, y en un sistema silvopastoril con algarrobo blanco (Neltuma alba), siempre con pastoreo rotativo y suplementación estratégica. En la Orinoquía integra el arreglo agrosilvopastoril o la pradera mejorada, mezclas de gramíneas y leguminosas adaptadas, ajuste de la carga animal a la oferta forrajera, suplementación estratégica y manejo sanitario y reproductivo; prácticas en su mayoría ya conocidas, cuyo valor nuevo está en combinarlas, adaptarlas al territorio y medir su efecto conjunto.
En cada uno de los tres ambientes, la validación se conducirá frente a un manejo convencional de referencia llevado en paralelo en el mismo sitio, sobre una línea de base medida a campo el primer año. En la Pampa Deprimida se medirá el aporte del manejo por ambientes, la fertilización y una carga de 2,0 equivalentes vaca por hectárea a la producción de carne y a la intensidad de emisiones. En el Chaco seco, pasturas megatérmicas con y sin fertilización y un sistema silvopastoril mostrarán el peso de la biomasa arbórea y el carbono del suelo. En la Orinoquía se contrastarán el arreglo agrosilvopastoril y la pradera mejorada en productividad y desempeño ambiental. Las mediciones abarcan metano entérico, óxido nitroso de suelo y excretas y reservas de carbono orgánico, con intercambio neto de carbono por covarianza de remolinos (eddy covariance) en la Pampa Deprimida y la Orinoquía.
El escalamiento llevará los paquetes validados a fincas comerciales: al menos 2.500 hectáreas en la Pampa Deprimida, 500 en el Chaco seco y 50 hectáreas modelo en la Orinoquía. La evaluación económica registrará costo por kilogramo, margen bruto y retorno, con un aumento del margen estimado ex ante en 10% o más. La intensidad de emisiones y las emisiones absolutas por hectárea se informarán por separado: una caída de la primera no implica una caída de las segundas cuando aumenta la carga. Al cierre quedará un protocolo regional de monitoreo, reporte y verificación (MRV) público, ocho jornadas de campo y materiales técnicos modulares.
Al menos 500 familias productoras de la Orinoquía colombiana, la Pampa Deprimida y el Chaco seco argentinos accederán de manera directa a tecnologías de intensificación sostenible asequibles, a asistencia técnica y a espacios de formación en sus propios campos. A ese núcleo se suman al menos 2.000 personas capacitadas a lo largo del proyecto, contabilizadas de forma individual y sin duplicaciones, a través de al menos ocho jornadas de campo, cuatro en cada país, y de cursos, seminarios, talleres y actividades virtuales o híbridas; entre ellas, al menos diez integrantes del personal científico y técnico de las organizaciones participantes. Las mujeres y los jóvenes representarán al menos el 30% de quienes participen en las actividades de gestión del conocimiento. Más allá de ese registro, los resultados llegan a técnicos, extensionistas, asesores, estudiantes, profesionales y asociaciones ganaderas de los territorios de intervención por vía de los materiales de divulgación, cuyo alcance se contabiliza de manera independiente de los indicadores de capacitación y de adopción.
Este proyecto contribuye activamente al cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, promoviendo un desarrollo regional más equitativo, resiliente y sostenible.





Patrocinadores


Con el apoyo de
