
En la Orinoquía colombiana, la Pampa Deprimida y el Chaco seco, la ganadería produce por debajo de su potencial y emite más de lo necesario por cada kilo. El proyecto valida un paquete tecnológico distinto para cada territorio.
En la Pampa Deprimida, suelos con limitaciones de drenaje, salinidad y baja fertilidad sostienen sistemas basados en campo natural y con poca intensificación: producen poco y emiten mucho por kilo de carne. En el Chaco seco, la expansión de la frontera agropecuaria dejó deforestación y degradación de suelos, y abrió la pregunta de cómo seguir produciendo sin avanzar sobre lo que queda. En la Orinoquía colombiana, la conversión de cultivos en pasturas transformó el paisaje y los suelos ofrecen poco margen para intensificar sin degradarse. Tres territorios distintos, un mismo problema: el alto costo de los insumos, el acceso limitado al crédito y tecnologías poco adaptadas al contexto local mantienen abierta la brecha entre lo que estos sistemas producen y lo que podrían producir.
Un paquete propio para cada territorio, medido contra el manejo convencional
El proyecto no propone una receta única. En cada uno de los tres ambientes valida un paquete tecnológico propio, armado con prácticas en su mayoría ya conocidas: lo nuevo está en integrarlas, adaptarlas al territorio y medir su efecto en conjunto. Cada paquete se compara con un manejo de referencia representativo del sistema convencional de la región, conducido al mismo tiempo y en el mismo sitio. La línea de base no se toma de promedios regionales ni de publicaciones previas: se mide en el propio campo durante el primer año, con los mismos protocolos que se aplicarán después, de modo que los cambios observados puedan atribuirse al paquete. Validados en condiciones experimentales, los paquetes pasan luego a fincas comerciales.
En la Pampa Deprimida, el paquete divide el campo en ambientes según su potencial y sus limitantes, ajusta a cada uno la fertilización y la especie forrajera, decide el pastoreo con un monitoreo del stock de forraje en tiempo real, lleva la carga a 2,0 equivalentes vaca por hectárea, reemplaza el servicio natural por inseminación artificial a tiempo fijo y adelanta el primer servicio a los 15 a 18 meses. En el Chaco seco compara sistemas de recría sobre pasturas megatérmicas de Chloris gayana, con y sin fertilización nitrogenada, y un silvopastoril con algarrobo blanco implantado en la pastura, todos con pastoreo rotativo y suplementación energético-proteica. En la Orinoquía combina el arreglo agrosilvopastoril o la pradera mejorada con mezclas de gramíneas y leguminosas adaptadas, carga ajustada a la oferta forrajera, suplementación estratégica y manejo sanitario y reproductivo, con seguimiento de ecto y endoparásitos. En cada ambiente se miden a la vez, sobre el mismo potrero y rodeo, la producción de carne, el metano entérico, el óxido nitroso y el carbono del suelo.
Al menos 2.500 hectáreas comerciales en la Pampa Deprimida, 500 en el Chaco seco y 50 hectáreas modelo en la Orinoquía pasarán a manejarse con el paquete validado para cada ambiente, con una mejora del margen bruto de al menos 10%. Sobre esa superficie, y en los ensayos que la anteceden, se registrarán la producción de carne por hectárea, la capacidad de carga y la biomasa forrajera, junto con el metano entérico, el óxido nitroso del suelo y de las excretas y las reservas de carbono orgánico, informando por separado la intensidad de emisiones y las emisiones absolutas. Cada paquete se medirá frente a un manejo de referencia conducido en paralelo en el mismo sitio, sobre una línea de base tomada en el propio campo el primer año, y elevará su nivel de madurez tecnológica con el desempeño alcanzado en fincas comerciales. Se prevén además ocho jornadas de campo, 2.000 personas capacitadas, tres artículos científicos y un protocolo regional de monitoreo, reporte y verificación.