El Café Científico de FONTAGRO reunió en esta edición a Natalia Aguilar, líder del proyecto “Un Bienestar para la resiliencia de las fincas ganaderas”, y a Rebeca García Pinillos, fundadora y directora de One Welfare CIC (Reino Unido). Ambas dialogaron sobre cómo llevar el enfoque global de One Welfare, o Un Bienestar, a fincas ganaderas reales de América Latina, integrando el bienestar animal, el ambiente y las condiciones de las personas en la toma de decisiones.
El proyecto responde a un desafío regional: Argentina, Chile y Colombia enfrentan impactos climáticos que afectan especialmente a pequeños y medianos productores, en un contexto de mayor demanda de productos de origen animal con calidad ética, bienestar animal y sostenibilidad. La iniciativa trabaja en red en seis ecorregiones de los tres países, junto con técnicos, productores, comunidades mapuche, cooperativas, universidades e instituciones.
Entre los principales avances, el equipo consensuó 10 Buenas Prácticas Ganaderas con enfoque de bienestar animal y seleccionó 28 unidades demostrativas: 12 en Argentina, 8 en Colombia y 8 en Chile. Estas incluyen sistemas de bovinos y búfalos, ovinos y caprinos, y una lechería de burras. Además, construyó una base metodológica regional de monitoreo que combina 5 secciones socioeconómicas, 9 indicadores ambientales y 28 indicadores de bienestar animal.
Durante la sesión se compartieron experiencias concretas de implementación. En una finca de 135 hectáreas en Basail, Chaco (Argentina), el análisis de imágenes satelitales mostró que el único bebedero condicionaba la distribución del pastoreo, lo que llevó a instalar un nuevo punto de agua. En Colombia se validó el uso de analgesia en la castración de bovinos, y en una lechería de burras en Chile se capacitó al personal en el cuidado de los cascos y se evaluó su estado nutricional. En INTA Bariloche, los indicadores de comportamiento aportaron señales complementarias para evaluar el bienestar de cabras de Angora.
Una lección atravesó todas las experiencias: el campo no solo valida las herramientas, también las enriquece. Generar evidencia en fincas reales permite ajustar los indicadores a cada sistema productivo y mejorar las decisiones de manejo en beneficio de las personas, los animales y el ambiente.

