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Las musáceas, banano y plátano, sostienen la seguridad alimentaria, el empleo rural y las exportaciones de América Latina, una región que produce el 80% del banano de exportación que se comercializa en el mundo. Dos enfermedades ya instaladas presionan esos sistemas: la marchitez causada por Fusarium oxysporum f. sp. cubense raza 4 tropical (Foc R4T), que persiste décadas en el suelo y puede llevar a la pérdida total del lote, y el Moko bacteriano (Ralstonia solanacearum raza 2). Otras dos siguen ausentes de la región y podrían entrar: el virus del cogollo racimoso del banano (BBTV) y la enfermedad de la sangre (Ralstonia syzygii subsp. celebesensis).
Ante ese doble frente, el proyecto trabaja en Colombia, Ecuador, Perú, Venezuela y España para desarrollar y validar métodos de diagnóstico de los patógenos cuarentenarios y de control oficial, escalar tecnologías de control biológico e integrarlas en prácticas de manejo sostenible, validar variedades tolerantes y multiplicar material de siembra sano, y articular una plataforma de gestión del conocimiento que acerque esos avances al productor. El propósito es pasar de la contención a modelos de convivencia y supresión de los patógenos ya presentes, y anticiparse a los que aún no llegaron.
El punto de partida son protocolos moleculares validados para los patógenos prioritarios, con métodos rápidos de aplicación directa en el lote basados en amplificación isotérmica mediada por bucle (LAMP) y en PCR portátil, respaldados por un banco regional de controles positivos de ADN. Identificado el foco, el manejo se apoya en bioinsumos a base de Trichoderma spp. y Bacillus spp., producidos en unidades locales de producción masiva y aplicados junto con enmiendas de suelo, coberturas vegetales y biocarbón, en estrategias ajustadas a la situación sanitaria y normativa de cada país. Donde el patógeno ya está instalado, la vía de retorno a la producción pasa por variedades de banano y plátano con tolerancia validada a Foc R4T y al Moko, acompañadas de núcleos de multiplicación de semilla sana de bajo costo. Una plataforma de gestión del conocimiento, que combina capacitación presencial y virtual con un agente conversacional educativo desplegado en WhatsApp, acerca esos avances al productor.
El proyecto debería dejar a la región protocolos de diagnóstico validados entre países para cinco grupos de patógenos de las musáceas, con métodos de aplicación directa en el lote hasta ahora inexistentes en América Latina y el Caribe y un banco regional de controles positivos de ADN verificado mediante un ensayo interlaboratorio. Sobre esa base se prevén ocho recomendaciones de manejo integrado para Foc R4T y Moko, surgidas de ensayos semicomerciales de 6 a 20 hectáreas seguidos durante al menos tres ciclos productivos; al menos cinco clones promisorios de banano y plátano evaluados en campo y dos materiales obtenidos por mutación inducida; y dos unidades locales de producción de bioinsumos a base de Trichoderma spp. y Bacillus spp. La estimación ex ante del equipo sitúa el beneficio en una reducción de la mortalidad de plantas de entre 40% y 60% en áreas afectadas y en un ahorro cercano al 25% en el gasto en agroquímicos.
El alcance descansa en dos núcleos de producción de semilla sana, en Perú y Venezuela, que acercarán material de siembra de calidad a los pequeños productores, y en una estrategia formativa que debería llegar al menos a 6.000 personas por vías virtuales y presenciales, entre ellas un centenar de técnicos de los institutos nacionales de investigación agropecuaria y de los servicios nacionales de protección fitosanitaria, con tres talleres regionales y un agente conversacional educativo en WhatsApp en funcionamiento con difusión regional.
Más de 6.000 productores y asociaciones rurales de Colombia, Ecuador, Perú, Venezuela y España recibirán de forma directa tecnologías validadas, protocolos de bioseguridad y herramientas digitales, con el compromiso de que al menos el 30% de las personas alcanzadas por la formación digital sean mujeres. Alrededor de ese núcleo se forma un segundo anillo de al menos 100 técnicos de los institutos nacionales de investigación agropecuaria y de las organizaciones nacionales de protección fitosanitaria (ONPF) de los países participantes, que se capacitarán en bioseguridad, diagnóstico, control biológico, prevención del riesgo y manejo sostenible de patógenos de musáceas. Los pequeños y medianos productores vinculados a los ensayos de campo y a los núcleos de producción de semilla sana en Perú y Venezuela accederán además a material de siembra de calidad fitosanitaria a bajo costo. Más allá de ese perímetro, el alcance indirecto se estima en más de 15.000 personas entre técnicos, productores, profesionales e investigadores de toda la cadena de banano y plátano de América Latina y España.
Este proyecto contribuye activamente al cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, promoviendo un desarrollo regional más equitativo, resiliente y sostenible.








Mónica Betancourt Vasquez
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