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El Lupinus sp., conocido en los Andes como tarwi o chocho, es una leguminosa cuyo grano alcanza un 45% de proteína, un rango comparable al de la soja, y que resulta naturalmente biofortificado en hierro, zinc y cobre. Se cultiva en comunidades de agricultura familiar de los Andes altos de Bolivia y Ecuador, donde su rendimiento se mantiene por debajo de una tonelada por hectárea, los ciclos largos exponen la cosecha a heladas y sequías, y el desamargado tradicional, necesario para retirar los alcaloides antes del consumo, demanda cerca de 77 litros de agua por kilo sin control que verifique el resultado.
El proyecto interviene en tres frentes articulados entre sí. En el campo aborda la producción resiliente con ecotipos precoces seleccionados a partir del material que conservan los propios productores, inoculación con Rhizobium sp. nativo y bioinsumos elaborados con residuos del cultivo. En la transformación valida protocolos ecoeficientes de desamargado, una prueba rápida de alcaloides y una molienda estandarizada que aseguren la inocuidad del grano. Sobre ambos frentes se apoya una capa digital, con alerta temprana agroclimática y una plataforma de acceso abierto que articula el conocimiento local con la investigación, bajo un enfoque de género.
La solución es un paquete tecnológico que cubre a la vez la parcela y la planta de procesamiento. En el campo reúne ecotipos precoces de ciclo corto, de 135 a 150 días, seleccionados para que la cosecha se adelante a las heladas y a los periodos secos, junto con la inoculación de la semilla con Rhizobium sp. nativo y bioinsumos elaborados a partir de los residuos del propio cultivo, que sustituyen parte del fertilizante sintético. En la transformación incorpora un protocolo de desamargado térmico-químico que reduce el consumo de agua frente al lavado tradicional en flujo continuo, el método Lugol como prueba rápida de control de calidad para verificar la ausencia de alcaloides en el grano, y una molienda estandarizada que entrega harina de 120 micrómetros de granulometría, apta para panificación y bebidas. Un sistema de alerta temprana agroclimática y una plataforma digital de acceso abierto completan el conjunto.
Sobre el terreno, el proyecto debería validar cuatro ecotipos precoces mediante doce ensayos multiambientales conducidos durante dos ciclos agrícolas en el altiplano de Bolivia y en la provincia de Bolívar, en Ecuador, y establecer un protocolo de inoculación con Rhizobium sp. nativo y biofertilizante líquido que recorte un 40% el uso de fertilizante sintético sin pérdida agronómicamente relevante de rendimiento. El rendimiento de grano comprometido parte de 0,60 t/ha y llega a 1,13 t/ha al cierre. En la planta, el desamargado ecoeficiente debería reducir alrededor de un tercio los 76,8 litros de agua por kilo que exige el lavado tradicional, con el método Lugol validado como control rápido de alcaloides; de ahí derivan una línea de harina estandarizada a 120 micrómetros y prototipos alimentarios evaluados en pruebas sensoriales, bajo un enfoque que trata la inocuidad del grano y la salud del consumidor como un mismo sistema.
En el plano digital, la alerta temprana agroclimática debería emitir avisos de helada con al menos 18 horas de anticipación y una precisión superior al 85%, con 1.000 productores registrados y 30 técnicos capacitados para operarla, mientras la plataforma de acceso abierto reunirá al menos doce productos de conocimiento y cuarenta recetas de alcance internacional. Dos ferias regionales de innovación culinaria, con más de 1.400 participantes, documentarán preparaciones tradicionales junto con las nuevas. Protocolos, fichas y herramientas de verificación se consolidarán como bienes públicos regionales de libre acceso, con un salto del nivel de madurez tecnológica de 5 a 7.
El proyecto beneficiará de manera directa a 2.100 personas en los Andes de Bolivia y Ecuador: 2.050 pequeños y medianos productores, hombres, mujeres y jóvenes agrupados en asociaciones de productores, que participarán en la validación de los resultados en campo, y 50 profesionales y científicos que se capacitarán en mejoramiento adaptativo e innovaciones tecnológicas. Entre ellos, 210 productores se formarán en seis escuelas de campo, con una participación femenina prevista del 42%; 95 mujeres y 82 jóvenes asistirán a una escuela de liderazgo con enfoque de género; 30 técnicos se capacitarán en el manejo del sistema de alerta temprana y de la plataforma digital; y nueve tesistas de grado desarrollarán sus trabajos de investigación en el marco del proyecto. De manera indirecta, la iniciativa alcanzará a 6.000 personas, entre familias rurales, pequeñas y medianas empresas agroindustriales y otros actores de la cadena de valor que se beneficiarán de la estandarización de los procesos. A escala regional, los bienes públicos generados tienen un alcance potencial de más de 100.000 familias productoras.
Este proyecto contribuye activamente al cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, promoviendo un desarrollo regional más equitativo, resiliente y sostenible.








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