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Cuatro instituciones de investigación de América Latina acordaron una agenda común para estimar cuánto carbono orgánico pueden almacenar los suelos agropecuarios de la región y qué prácticas de manejo lo hacen posible.
El carbono orgánico del suelo determina buena parte de la capacidad productiva de un campo y es, a la vez, el mayor reservorio de carbono de la biosfera. La iniciativa 4 por mil, lanzada en la COP21, propone aumentar ese stock un 0,4 % anual en los primeros 40 centímetros del perfil, una meta que, aun cumplida en parte, compensaría una fracción relevante de las emisiones agropecuarias. El obstáculo es la información: ningún país de América Latina y el Caribe había reportado su inventario nacional de carbono orgánico del suelo, y los primeros intentos se apoyaban en los valores por defecto de las tablas TIER1 del IPCC, calculados para todo el mundo. Sin datos locales sobre cuánto responde el suelo a un cambio de manejo, no se sabe qué prácticas promover ni cuánto carbono esperar de ellas.
Una plataforma multiagencia para poner datos locales donde hoy hay valores por defecto
El fondo semilla se propuso crear una plataforma multiagencia de intensificación sostenible de los sistemas productivos agropecuarios basada en estrategias innovadoras de secuestro de carbono. Durante doce meses, las instituciones participantes recopilaron el estado del arte sobre secuestro de carbono en sistemas agropecuarios, identificaron capacidades y proyectos previos en cada país, y celebraron un taller regional de coordinación del que surgió una propuesta consensuada. Esa propuesta define cuatro preguntas técnicas: qué nivel de carbono orgánico es alcanzable según suelo y clima, cuán lejos están de ese nivel los sistemas de producción actuales, qué opciones de uso y manejo permiten acercarse a él, y si esas opciones implican un beneficio económico para el productor.
La plataforma Intensificación Sostenible Agropecuaria 2030/2050 es un acuerdo de trabajo entre institutos nacionales de investigación agropecuaria del Cono Sur y un centro regional de enseñanza, orientado al sector agropecuario y, en particular, a los sistemas ganaderos sobre pasturas y pastizales. No es un producto de campo sino un instrumento de coordinación: fija una pregunta común, un método común para responderla y un reparto de tareas entre países. Su contenido técnico combina experimentos de largo plazo ya existentes, que permiten comparar secuencias de cultivos y manejos de pasturas sostenidos durante décadas, con relevamientos en predios comerciales donde el uso del suelo se mantuvo estable. Sobre esa base se estiman tasas de secuestro asociadas a cambios concretos de manejo, como la inclusión de cultivos de servicio, la integración agrícola ganadera, el aumento en la disponibilidad de agua y nutrientes, y la restauración de pasturas sembradas y pastizales degradados.
El fondo semilla cerró con la plataforma conformada y con presencia en el sitio de FONTAGRO, un plan de trabajo acordado entre las instituciones participantes, la memoria del taller regional con el estado del arte presentado por cada país, y un documento de propuesta de proyecto consensuado. El resultado de fondo es que existe ahora una agenda regional única donde antes había iniciativas nacionales dispersas. La propuesta acordada fue posteriormente formulada como un proyecto regional de mayor alcance sobre secuestro de carbono orgánico en suelos, con la participación de cinco países y cofinanciamiento externo, lo que confirma la función del fondo semilla como instancia de preparación.